Estimados dueños del mundo.

Por lo pronto recuerdo haber ido a recoger mis manos dónde el anatomista, ya van quince días desde que decidí pasar una carta “al sistema” en la que decía:

 


12 -de ese mes que quiero olvidar-,  del año en curso -cuando esto sea que se lea-

Estimados dueños del mundo.

Tal cual como lo conocemos.

Ciudad.

Por medio de la presente quiero pasar una notificación de cambio de profesión, ya que mis oídos se congestionaron en el pasado viaje por el cambio de altura, entendiendo que me dedicaba escuchar a las personas para que se sintieran importantes y saber que no podre seguir haciendolo; después de preocuparme por mi futuro fui a un sitio de copas y escuché un pianista, me trajó tanta calma,  y me dije “eso es lo que quiero, ser pianista”  y esperó que atentos a mi petición me concedan un par de nuevas y talentosas manos de pianista.

Gracias,

Psicólogo

TP # 342637.


Es que uno no ya no sabe cuando la vida le va a dar una vuelta, al parecer las notificaciones automáticas  del sistema están colapsadas, por lo general siempre llegaban poniéndome al tanto de los días de evaluaciones de talentos y mantenimientos, pero ya llevo tiempos sin recibirlas. También, recuerdo ese día en el que me enamore y no me avisaron que tendría una actualización en mi corazón.

Ayer fui donde un técnico independiente para que me hiciera una ampliación de memoria, me dio media canasta de huevos y una bolsa de leche. Los huevos y la leche salieron buenos, pero la memoria, ¡Ummm!… tengo mis dudas. Olvidé por ejemplo un documento importante que debí entregarle al anatomista. Junto con el número de mi propia casa para llamar y pedirle a mi perro que me lo enviase por correo.

El reloj marcó las 10:10 p.m. y  recibí la llamada de un tal Pacho, contesté y me cuenta una gran cantidad de cosas, que para mi no tenían sentido. Me envió unos archivos adjuntos y una dirección. Al llegar,  me plantó con mi cara de no sé que hago aquí. Transcurridos  unos minutos me atendieron e ingresaron a un quirófano: luces, olores a mentol, batas, tapabocas y gafas; al despertar tuve una incesante necesidad de ponerme en frente de un piano, cuando me levanté moví los dedos con agilidad y entusiasmo, me alisté y con cautela fui al lugar de copas y me senté frente a mi destino.

Encontrarme a Pacho, mi perro, perro secretario,  ha sido una de las más lindas sorpresas que me ha dado la vida, la mayoría de mis amigos tienen perro policía, agricultor o médico, el mío es secretario.

Pedí unas manos talentosas, no de genio, mis oídos seguían dañados, solo movía rápido mis dedos, pero es como pedirle a Beethoven que tocará sin manos la novena sinfonía. Ahora soy titiritero y a través de finos hilos muevo todas las cartas que quiero. Ahora soy todo lo que quiero.

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