El video nunca quedo grabado Por Sara Pastrana.

 

Bueno. Pensemos que de los tantos pensamientos y vivencias que tengo a diario, escogeré una y le daré la trascendencia y el espacio que merece y exige mi mente , pero por causas citadinas-caóticas y las emociones correspondientes; no me queda tiempo de profundizar y dejar volar eso que a ratos seduce mi mente y me mueve a resolverlo o a recordarlo. Solo en mi mente.

Una mañana mientras iba a mi clase de fotografía, tarde y despeinada, mis sentidos mañaneros y sensibles tropezaron, cuando en el bus en el que iba un personaje callejero me liberó.

Sí, me liberó. Un hombre que duerme en las calles, huele a orines, come lo que encuentra en las basuras, no se baña y además viaja gratis en el mismo bus en que yo voy, me cuestiono ¿sí me liberó? Sí. Liberó mi mente de: Espíritus de miedos, prejuicios, juzgamientos y verdades falsas que vivían en mí y ni lo sabía. Él, un hombre de casi cincuenta años, piel blanca, barba ceniza y larga, ojos azules y estatura media que iba recostado sobre la puerta del bus, me enseño lo que nunca aprendí en el colegio.

Saco de su roto y sucio pantalón, víctima de las calles; un papel viejo y arrugado. Mis ojos aunque miopicos, se asombraron, cuando a casi un metro de distancia me percate que era una carta (escrita en inglés). Inmediatamente el me miro y yo baje la mirada. Sentí miedo. Él, despaciosamente pero en voz alta empezó a leerla.

No podía creer su perfecta pronunciación y menos lo que mis oídos escuchaban. Era una carta que alguna vez alguien escribió para él. Esa persona le decía que soñaba con él, que lo quería y extrañaba. Sus gestos se transformaban cada vez que leía un renglón más, su sonrisa aparecía naturalmente y los sonidos que había cerca se hacían cada vez menos importantes. Parece que lo único importante era ese momento en el que su corazón se aquietaba y sentía reposo. En el que la esperanza se asomaba. Se sentía amado en medio de tanto rechazo a su alrededor, alguien lo extrañaba, alguien lo esperaba.

Y bueno, ahí estaba Yo, una simple mortal, testigo de ese momento, completamente olvidada de mí. Sorprendida y conmovida por saber más, decidí sacar disimuladamente mi teléfono con la intención de grabarlo a escondidas y testificar más adelante lo que había vivido en esa mañana. Empecé a grabar a este desconocido, que ya no era tan desconocido después de leer la carta quien sabe cuántas veces más, hablaba solo de las ideas que llegaban a su mente y confirmaban su elección de vida. Rodaba por la vida de un lugar a otro, buscaba la aprobación fuera de él y se reflejaba con las personas con las que tropezaba en su camino. Éramos iguales, aunque Él hablaba mejor inglés.

 

Ese día escribí. El video nunca quedo grabado.

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