Un despertar existencial Por Cristian Casas

Mucho se ha hablado de la somnolencia de la humildad en las últimas décadas. Sin embargo, no se ha podido alcanzar el germen que la produce y la alimenta.  Muchos intelectuales han tratado de tomar una posición frente a este fenómeno de la vida, no obstante, en sus continuas reflexiones solo han logrado sumergirse en abismos desalentadores, o por el contrario, crear paraísos fantasmagóricos que son un alivio pasajero para su existencia.

Desde Nietzsche toda filosofía se convirtió en filosofía del cuerpo, de allí, que los adoradores de la universalidad sean solamente: individuos con una filosofía de cuerpo, que tienen pretensiones de volver su vida universal. No es de extrañar, que los grandes blasfemos de la razón se sacudan en el pantano de la miseria individual e implanten sus condiciones de vida; a la vida misma.  Pero, ¿Por qué estas visiones objetivas son también aceptadas? ¿Qué hace falta al individuo para escapar de su prisión objetivada? La respuesta probablemente sea un despertar existencial, pero, si tomamos como cierta esta apuesta tendríamos que dar una buena cota para sustentar tan osada posición a la vida.

Camus nos enseñó que no hay método alguno para alcanzar verdades completas, pero, también, que la meta de conciliar a un hombre lleno de preguntas y a un mundo que todo lo calla es una tarea absurda. Sin embargo, el acto de rebeldía implica un verdadero desprendimiento de las posiciones más aceptadas del hombre en tanto hombre hecho por el hombre.  Por eso, propongo volver a las manifestaciones más profundas que un espíritu libre puede desear y buscar; el arte.

La filosofía es un arte y la defiendo como tal es: un destello de grandeza; una luz llena de miserables pretensiones; un acto de honestidad a la vida en tanto mí vida misma; un escape a lo inescapable; una oportunidad de libertad a la fuerzas coercitivas; una simple posición de vida.

Deleuze no pudo describir mejor la dicotomía del hombre cuando dice que antes de Sócrates los sentidos eran creadores y la conciencia crítica, luego de él la conciencia creadora y los sentidos críticos. ¿Por qué temerle a la vida sin sentido? ¿ Por qué acudir a la sangrienta razón?Acaso no  hay tantas manifestaciones de arte como almas en el mundo, de cuantos sin sentidos debemos aprender para comprender que el sentido en sí mismo es vacío e inútil. El despertar existencial, es recobrar algo de la vida que nos ha sido arrebatado por los grandes profetas. Volvamos a sentir y vivir así sea por unos segundos.

 

 

 

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