Ya que no hubo El Tempo. Si no lo lee, no era para usted.

Saliendo de la casa, en las escaleras, vi a una niña de 3 años llorando por una moña, no era para
ella; abrí la puerta del edificio ubicado en la 17 con 5, había un habitante de la calle pidiéndole una
moneda a una señora de unos 50 años, esta siguió derecho, no era para él; bajé a la 19 con
Caracas y una joven que llega a los 25 años intento saltarse la barda de Transmilenio, le llamaron
la atención pero aun así logró entrar a un bus sin pagar el pasaje, no era para la institución; entré a
la estación y vi montoneras de personas dejadas por los buses que esperaban, no eran para ellos;
después de esperar alrededor de 25 minutos entro a mi bus y observo a un anciano acercarse a
una silla azul, se le adelanta una mujer embarazada, no era para él; salgo de la estación, un carro
intenta adelantar en semáforo amarillo y un ciclista se cae al intentar atravesar la calle, no era el
espacio suficiente para la cicla; llego a una recepción, me anuncio y veo el reloj en un tiempo
distinto al mío, me anuncian e ingreso a una sala de juntas con 5 personas más detrás
persiguiendo mi mismo objetivo. Nos contextualizan la naturaleza del trabajo y dos de las
personas se despiden decentemente al no interesarles, no era para ellos; quedamos cuatro, dos de
ellos salen al no cumplir los requisitos básicos para el trabajo, tampoco era para ellos, quedamos
dos, los perfiles aplican, las pruebas aplican, los gustos aplican, las personalidades aplican, pero
está clara la ley de Newton: dos cuerpos no pueden ocupar un espacio, entendí que para cada cosa
hay un espacio, para las flores, el florero, para las manos, los guantes, para los barcos, los puertos,
para los abogados, los juzgados, para los médicos, los hospitales, etc., todos ocupan un lugar en el
mundo. Respiro profundo, pero el otro entrevistado deja de respirar, se ahoga con el maní de
pasabocas sobre la mesa, 5, 4, 3 ,2, 1, la muerte, muerte llegó, muerte se fue, muerte se lo llevó, 3
p. m. hora del descenso, sajín firma, se lo llevan, me miran y dicen: pues bueno, no era para él, mi
sonrisa nerviosa me conduce a contratación, me incorporo, me tranquilizo, me ofrecen maní, lo
rechazo -creo que no volveré a comer maní en mi vida-, subo a la oficina de redacción, me
presentan a mi jefe, mi cubículo de trabajo, mi lugar en el mundo, me siento en él, mi primer
requerimiento: escribir un artículo de cotidianidad con 500 palabras. Le he puesto: Si no lo lee, no
era para usted

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