La tusa surrealista del joker.

Entre por la puerta del servicio mientras Felipe miraba fijamente el reloj esperanzado  que corriera hacia atrás, obviamente en la física de este universo no ocurriría, pero no paso, en contra de mi voluntad y de la de todos los habitantes del universo existente nuestras mentes seguían andando en contraposición a los cuerpos, todo se movía como si Felipe tuviera el control maestro y hubiese oprimido rebobinar.

La sensación no solo era extraña al saber que todo va al revés, sino frustrante el no poder tener control de si mismo, pareciera que las mentes de los millones de habitantes entraron en fatiga y en un abrir y cerrar de ojos todo había parado, estábamos todos en un momento perdido en el tiempo en el que ya habíamos estado y sabíamos lo que venía (una responsabilidad muy grande).

Ese día fue raro para muchos… como si todo estuviese automatizado, para mí una nueva oportunidad, una oportunidad bien sea de enmendar o de cagarla de modo consiente, si me lo permite Felipe.

Creo que soy el único que tiene conocimiento del don de Felipe, creo que se acercaba  el día en el que lo conocería, no sabría como actuar,  pasaron los días,  las horas, los minutos y los segundos… el estaba ahí en la misma mesa de siempre mirando con persistencia el reloj, le ofrecí el menú del día intentando esquivar su mirada, fue imposible cuando pronuncio esas palabras sentencian-tés ”lo sabes, no lo evadas”, temblorosamente mi mente me miente de un modo demente y se me cae el vaso de agua de repente, delatándome.

Como si el tiempo se congelara y solo estuviéramos los dos me senté en la mesa, si en la mesa no en la silla, mientras el prendía un cigarrillo, me miro a los ojos y me dijo que me retirara, eso no había pasado así, eso no lo veía venir, o no lo recordaba así, me aparte y el jefe de servicios me llamo la atención, entre en la cocina, al salir seguía ahí pero acompañado, algo pasaba, esto no lo recordaba, el salió con ella y me miro de una manera enigmática.

Salí tarde por el claro callejón de siempre y el estaba esperándome, fui hacia él y como si quisiera que lo siguiera empezó a caminar, detrás  de él lo seguía sin cuestionar,  sentía que ya estaba mi mente transversalmente en el cebo y que no podía hacer nada, ya era víctima de su morfo-resonancia,  de su hiperactividad mental, de su concepción estrambótica del mundo, no se que se me pasaba por la mente en ese momento pero era algo demasiado incoherente como:
No he alistado el almuerzo para mañana, creo que deje las llaves en el restaurante, ósea que me quedare fuera de casa, no recuerdo si le deje comida a Lucas, heyyy si Lucas el hijo del vecino… creo que había quedado hoy de ir a cuidarlo, en fin.

Volviendo de mis pensamientos me encuentro con Felipe en frente de un cuerpo, no lo reconocí al instante,  me sentía en una peli de terror de cámara subjetiva, pregunte si está dormida y él respondió sarcásticamente mientras fumaba un porro: -un poco no mas, ella está con tu abuela, la está tratando  bien.

Entre en un choque espantoso pensando que el siguiente era yo, contrario a eso él se sirvió dos tintos y sentó, obviamente bajo su lógica debía sentarme, le dije que prefería tomármelo de pie, el con un argumento muy bueno acerca de las venas varices logro hacerme sentar, le cuestione lo que sucedía y el apagando el porro me sonrió y empezó la conversación.

Felipe: -sabes esto no es sano.

Yo: – pero por supuesto que no es sano, no notas que estoy sentada con una persona que acaba de mandar a descanso eterno a otra.

Felipe: – no fui yo y lo sabes.

Yo: a no entonces quien? , seré yo maestro?

Felipe: – si, no lo recuerdas. Debes dejarme ir.

Yo: – estás loco men, que te pasa no fui yo, a otro perro con ese hueso.

Felipe: – mírala y dime quién es?

Le destape el rostro cubierto y la vi, era ella, me vinieron todos los recuerdos que Felipe rebobino, ya sabía a que había vuelto y lo volví a hacer igual.

Algo andaba mal. En sus ojos fríos leí ese primer café mientras veía el reloj, ella en frente mío, me puse en otra piel, la piel de Felipe. Lo vi todo y es indescriptible.

Al volver la mirada Felipe ya no estaba, no entendía que pasaba y en cuestión de segundos interrumpió la policía, me tomaron fuertemente por la espalda, me sacudieron fuertemente y entendí que Felipe nunca existió, fue un producto de mi frustración, la proyección de mis deseos, el eslabón perdido en la cadena de la evolución, quien podía  hacer mis pensamientos realidad o como decía mi tía: mi amigo imaginario, sólo que había tomado voluntad propia.
Mientras la policía me llevaba todo se derrumbo a mi alrededor, en una blanca prisión me desvanecía mientras oía su voz diciendo en voz alta: te condeno al recuerdo, a ser  quien no deje semillas en la tierra, que tu nombre sea olvidado, que como el viento no se sepa donde empezaste ni menos donde terminaras, rápido y etéreo como un pensamiento pero que vivió en mi corazón de un modo intenso como el primer rayo de sol después de un largo invierno…

Sólo fui eso un producto de su deseo. El imaginario construido por Disney vestido de azul
Solo ella es real.

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